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La acción
de esta novela se desarrolla durante el sitio de Budapest, ya hacia
el fin de la última guerra, cuando el frente del ejército
alemán se resquebraja bajo la presión de las tropas
rusas. La narración está a cargo de su protagonista,
una muchacha que apenas ha salido de la niñez. El relato
comienza en un sótano, donde han buscado refugio los habitantes
del edificio. Temen al ejército alemán en retirada,
pero sienten terror por los rusos que avanzan. Carecen de alimentos.
La descripción de cómo el anhelo de un poco de pan
blanco produce el desvanecimiento de la protagonista es una de las
tantas anotaciones carentes de énfasis, pero atrozmente sencillas
y patéticas de esta novela. Luego, la narradora, su padre
y su mare consiguen fugar. Todo parece tan real como si el lector
participara de la fuga. Se siente el endurecimiento de los guías,
que ven en la evasión simplemente un negocio. Uno alcanza
a comprender el soborno, como ley terriblemente humana de la guerra.
La frontera está lejos. Uno sufre al no alcanzarla. Quizá
no se la alcance nunca. Y de pronto, se cae junto con la protagonista
y sus padres, exhaustos, del otro lado de la línea marginal,
sin dinero, entragando lo único que uno tiene para pagar
un café: el anillo de bodas de la madre, que ella se quita
para dejar como preda de seguridad al camarero, mientras adivina
ya que él negará conocerla el día que intente
rescatarlo. Uno está vacío, al límite del desfallecimiento,
y se pregunta con la protagonista, "si la vida tendrá
un día piedad de mí, si consentirá que tenga
una existencia que sea mía"
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